Mario Lavista, músico y compositor eminente del siglo XX y XXI para México y el mundo

Al respecto, la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, expresó sus condolencias y envió un abrazo a sus familiares, amigos, alumnos y colegas, al afirmar: “La música está de luto. Hoy se despide el maestro Mario Lavista, enorme figura del arte y maestro de generaciones. México y América Latina pierden a uno de los compositores más destacados del último siglo”.

En acuerdo con su familia y como reconocimiento a una de las figuras más influyentes en la conformación de la escena musical contemporánea en México y por su compromiso constante con las nuevas generaciones, se realizará un homenaje póstumo de cuerpo presente, hoy, en el Palacio de Bellas Artes a las 17:00 horas. 

A su vez, la directora general del INBAL, Lucina Jiménez López, señaló: “México le rinde honor a un gran músico, al compositor más eminente de las últimas décadas, a uno de los más generosos, queridos y reconocidos maestros. Para Mario Lavista no hubo límites en la música. La perplejidad y el asombro, la curiosidad y la experimentación eran para él casi naturales. Como buen sabio, se nutrió de la literatura, la pintura, la música de los grandes. Su obra dio fecundos frutos a la música de América Latina y del mundo a través de una poética sonora muy propia. Sus cátedras de composición, análisis y lenguaje musical del siglo XX en el Conservatorio Nacional de Música y su impulso a la revista Pauta son irremplazables”.  

Indicó que “un dolor profundo cuando se despide a un amigo entrañable con quien se dialogaba en torno a la vida política y cultural de México. Abrazo con solidaridad a Claudia Lavista, su hija, destacada coreógrafa con quien desarrolló profundos procesos creativos. A su querida nieta Elisa, a su madre, doña María Luisa Camacho. El INBAL asume el compromiso de trabajar con su familia en torno al enorme legado de Mario Lavista, que es un universo infinito”. 

Mario Lavista conformó un legado fundamental a la música de los siglos XX y XXI, no solo por su obra musical, sino también por su labor como divulgador y como maestro de numerosas generaciones de profesionales de la música y la composición. 

Su trayectoria artística y académica enriqueció la vida cultural y musical del país y de otras latitudes, por ello fue galardonado con múltiples reconocimientos, de los cuales destacan el Premio Nacional de Ciencias y Artes y la medalla Mozart en 1991, la distinción de Creador Emérito por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en 1995,  y la Medalla Conmemorativa del Palacio de Bellas Artes, en 2006, otorgada por el entonces Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Desde 1987 formó parte de La Academia de Artes; en 1998 ingresó a El Colegio Nacional, fue miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana. 

El 22 de noviembre de 2013, fue galardonado con el XII premio SGAE de Música Iberoamericana Tomás Luis de Victoria, distinción concedida por primera vez a un compositor mexicano, no solo «por su relevante obra, profundamente arraigada en la identidad de su país y que contribuye a la creación de un lenguaje universal en la cultura iberoamericana, sino además por su pasión por la docencia y generación de conocimiento con su extraordinaria labor como maestro de nuevas generaciones y difusor de la música actual”, según lo ponderó el acta del jurado.  

Siempre abierto a la experimentación y en constante búsqueda del refinamiento del lenguaje musical, su obra abarca diferentes formatos, desde música para instrumento solo, así como música vocal, de cámara, orquesta y su única ópera, Aura, basada en la obra de Carlos Fuentes yrealizada con una beca de la Fundación Guggenheim. Destacan también sus seis cuartetos de cuerdas, en especial el No. 2, Reflejos de la noche, que es quizás, junto a Simurg para piano, una de sus obras más programadas, a pesar de la dificultad interpretativa que implica.  De igual forma, Marsias para oboe y copas de cristal refleja la fascinación de Lavista por esos otros sonidos que esconden los instrumentos.  

A lo largo de su trayectoria, desarrolló un profundo interés por otras artes y por la interdisciplina. Fue así que realizó obras como Música para un árbol y Bocetos para una rama, a propósito de la obra de la artista plástica Sandra Pani. La danza también formó parte de sus procesos creativos, por ello compuso música para diversos proyectos que desarrolló en colaboración con su hija, la bailarina y coreógrafa Claudia Lavista, entre ellos, Divertimento para una bruja, escrita para la obra coreográfica Memoria Ciega, dentro del Homenaje Nacional a Guillermina Bravo en 2020.  Su gusto por la música de cine quedó plasmado en las bandas sonoras de películas como Cabeza de VacaVivir mataEco de la montaña y María Sabina.