El Museo del Palacio de Bellas Artes presenta la exposición Pedro Coronel. 100 años, una ruta infinita


Las 43 piezas que se presentan son muestra de su profunda exploración plástica que se decantó, relativamente pronto, por un lenguaje cada vez menos figurativo, producto de un ir y venir entre la figuración y la abstracción, hasta conseguir una síntesis abstracta radical con un estilo inconfundible. La selección está conformada por pinturas y una escultura, las cuales provienen de 29 colecciones: Museo Francisco Goitia y Museo El Universo de Pedro Coronel, acervos del Gobierno del estado de Zacatecas y del INBAL, las colecciones López Velarde Pérez Simón, obras de la familia Coronel y otras colecciones particulares. 

En la primera sección, Periodo de formación (1939-1946) y obra temprana (ca. 1946-1958), se exhiben las piezas de gestación inicial de Coronel en las que se aprecia la influencia de sus maestros académicos y la escuela de París. En la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa, institución a la que ingresó en 1940 y que en 1943 se convertiría en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, fue alumno de Santos Balmori, Manuel Rodríguez Lozano, Francisco Zúñiga y Juan Cruz Reyes. En 1946 viajó a París para completar sus estudios, donde frecuentó los talleres de Victor Brauner, Constantin Brancusi y descubrió la obra de Paul Klee.  

Su estadía en Europa le permitió dotar a su obra de rasgos abstracto-constructivos, perspectivas cubistas, mezclas expresionistas y síntesis primitivistas, sin perder su frecuente inspiración por lo prehispánico.  

Figuración abstracta (1958-1969 y 1975-1985) es la segunda sección, donde el público podrá apreciar el estilo característico de Coronel desarrollado a partir de la década de 1950. Considerada su etapa madura, debido a la síntesis de la figura, la cual logró modular a distintos grados de abstracción, a lo largo de su trayectoria se mantuvo en un vaivén entre la figuración y la abstracción. Coronel promovía figuras arquetípicas de valor universal que a su vez mantenían un vínculo con elementos de identidad nacional, como la muerte o los motivos prehispánicos.  

Su lenguaje plástico es una contrapropuesta a la Escuela Mexicana de Pintura, de la cual retoma el uso de grandes formatos. Por otra parte, se ubica en el contexto generacional del movimiento de La Ruptura, aunque logró desmarcarse de las tradiciones imperantes.  

El tercer núcleo, Abstracción total (1961-1985), propone recuperar a Coronel como uno de los artistas mexicanos de su generación que sintetizó su lenguaje hasta alcanzar la abstracción total con gran fuerza plástica. De 1969 a 1975 solo pintó obras de este estilo, entre las que se encuentran las piezas de la serie Año uno luna, exhibidas en una muestra homónima en el Museo de Arte Moderno en 1970.  

En la última sala se abordan otras facetas del artista: La relación con Tamayo, a quien consideraba un parteaguas de su generación; un video acerca de su colección, y se incluyen obras alusivas a la crítica de arte, así como de su periodo final (1979-1985).  

Las reflexiones en torno a su obra se multiplican hasta la actualidad, lo que demuestra su vigencia y legitimidad como uno de los creadores más importantes del arte mexicano del siglo XX.  

El elemento audiovisual aborda la labor de Coronel, sección en la cual se celebra su colección personal, donada en 1983 “al pueblo de México”. Es uno de los acervos de arte universal más importantes de nuestro país, compuesto por piezas de la antigüedad greco-romana, Lejano Oriente, arte de Oceanía y África, estampa japonesa y arte prehispánico.  

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