El dolor, una oportunidad para el desarrollo de nuevos fármacos con efectos menos invasivos: Nadia Lizeth Caram

Es incómodo sentir dolor, pero éste nos alerta de daños potenciales o reales al organismo. Cuando nos machucamos o quemamos, se activan nociceptores o receptores al dolor y se genera una señal eléctrica que viaja al cerebro. Entonces, percibimos el dolor y por reflejo retiramos la parte del cuerpo que ha sufrido daño. Sin embargo, informó la Dra. Nadia Lizeth Caram Salas, investigadora por México (antes Cátedras Conacyt) adscrita al Departamento de Innovación Biomédica del CICESE, en el dolor crónico no sucede lo mismo.


El dolor crónico se caracteriza por un cambio en la liberación de sustancias que hacen que los receptores al dolor estén constantemente activados; por ello, la transmisión y percepción dolorosa es intermitente. La Organización Mundial de la Salud clasifica el dolor crónico como una enfermedad en sí misma.


El origen del dolor crónico puede ser multifactorial: por una lesión en los nervios, por enfermedades crónico-degenerativas, Parkinson, esclerosis múltiple, por virus o debido a cáncer y los medicamentos para su control. Padecer dolor crónico afecta severamente la calidad de vida de las personas quienes, además, pueden cursar depresión, ansiedad y problemas psiquiátricos que en casos extremos pueden culminar en suicidio.

El estudio de compuestos de origen natural con alto grado de selectividad y especificidad a canales y receptores involucrados en la señalización y transmisión del dolor representa una oportunidad para el desarrollo de nuevos fármacos con efectos menos adversos. Y justo en ello trabaja Nadia Caram, en proyectos enfocados en identificar compuestos analgésicos para actuar en blancos moleculares, para así, disminuir la transmisión y percepción nerviosa dolorosa.


En su búsqueda por identificar y evaluar sustancias bioactivas derivadas de plantas, animales terrestres y marinos para el tratamiento del dolor crónico inflamatorio, tipo artritis y dolor neuropático, la investigadora adscrita al CICESE ha sido parte de diversas investigaciones preclínicas con aplicación farmacológica.

El estudio y desarrollo de analgésicos a partir de los péptidos que conforman el veneno de caracoles cónidos, explica la Dra. Nadia Caram, se ha incrementado en los últimos años debido a su alta selectividad y especificidad a canales y receptores involucrados en la señalización y transmisión del dolor.


De hecho, los caracoles ya ofrecen un ejemplo de éxito terapéutico con el desarrollo del Ziconotide, un fármaco aprobado en 2004 por la agencia gubernamental de Estados Unidos responsable de la regulación de alimentos y medicamentos humanos y veterinarios, entre otros (la FDA, por sus siglas en inglés) y que hasta ahora es el único medicamento conocido que quita totalmente el dolor crónico, sobretodo el neuropático.

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